La temporada seca puede poner a prueba incluso la grama más resistente. Las altas temperaturas y la falta de humedad provocan que pierda color y densidad. Sin embargo, con un mantenimiento adecuado, es posible conservar su tono verde y su textura suave.
Durante los meses más cálidos, riega la grama temprano en la mañana o al final de la tarde para evitar la evaporación. Usa riego profundo pero espaciado, de modo que las raíces crezcan hacia abajo y no se debiliten en la superficie.
Aplicar fertilizantes de liberación lenta ayuda a mantener los nutrientes activos durante semanas. También es recomendable dejar el pasto un poco más alto al cortar la grama, ya que esto protege las raíces del calor excesivo.
Evita pisar áreas resecas o recién regadas, y revisa posibles plagas que se intensifican en climas secos. Con cuidados simples, tu grama mantendrá su frescura y belleza incluso en los meses más demandantes.
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