Una grama amarilla o seca no siempre significa que esté perdida. En la mayoría de los casos, se puede recuperar con el manejo adecuado del suelo, el riego y la nutrición.
El primer paso es identificar la causa: exceso o falta de agua, plagas, o deficiencia de nutrientes. Un suelo demasiado compacto impide que las raíces respiren, mientras que un riego irregular reseca o ahoga la grama. Airear el terreno y nivelarlo mejora la absorción de agua y oxígeno.
Luego, aplica fertilizantes ricos en nitrógeno para estimular el crecimiento y el color verde. Es importante hacerlo en días frescos o al atardecer. También puedes resembrar áreas despobladas con la misma variedad de grama para uniformar el aspecto.
Evita cortar demasiado bajo mientras se recupera. Permitir que crezca unos centímetros más le ayuda a fortalecerse y proteger las raíces del calor. Con paciencia y constancia, la grama volverá a lucir densa, fresca y natural.
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